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Códice · Psicología
Psicología · Capítulo 28 · Simon: trauma y supervivencia

«A mi casa» y «elegido»

Una decisión tomada en estado de shock; rescate y apropiación en una sola palabra
El momento en el texto · Capítulo 28
“las palabras «a mi casa» estaban en todo aquello tan cerca de la palabra «elegido» que no conseguía separarlas”

«Recoge tus cosas». «Te vienes a mi casa. Esta noche… No pienso volver a dejarte aquí. Ni una sola noche»: «No era una pregunta». Simon recuerda el coche: allí el «no» al apartamento y al conserje fue escuchado. «Esto era otra cosa… Esto era “a mi casa”, dicho contra su pelo, con las manos despellejadas, por alguien que acababa de estar de pie con el brazo levantado y se había detenido al oír su voz». Aquello frío, suyo —«quién decide dónde vivo yo»— tendría que haberse alzado. «No se alzó. O se alzó, y no llegó. Temblaba, y lo sujetaban, y las palabras “a mi casa” estaban en todo aquello tan cerca de la palabra “elegido” que no conseguía separarlas». «No dijo que sí. No dijo nada. Se agarraba a la camisa».

Aquí el códice está obligado a ser preciso: alguien a quien acaban de dar una paliza, que ha pasado por un ataque y al que están sujetando, no puede tomar decisiones sobre dónde va a vivir, y el libro lo sabe; por eso Simon no dice «sí». La decisión se toma por él, con la mejor intención y en la dirección correcta (quedarse esta noche en esa casa de verdad no es posible), y aun así vuelve a ser una decisión de Jacob, dicha como una orden. La diferencia con el coche no está en las palabras, sino en el estado: en el coche Simon tenía «algo frío, suyo»; aquí eso «no llegó». A eso se le llama vulnerabilidad después del trauma: los límites que una persona sabe sostener en calma quedan temporalmente fuera de su alcance, y la decencia del otro se mide por si se aprovecha de ello. Lo que Simon se lleva consigo dice más que cualquier «sí»: el cuaderno, la mochila, y una camiseta gris «que no era suya». «¿Cuál?». «La tuya».

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