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Códice · Psicología
Psicología · Capítulo 27 · Simon: trauma y supervivencia

No tenía adónde caer

El outing como arma: paga el que tiene algo que perder
El momento en el texto · Capítulo 27
“Simon ya estaba sentado en el suelo: no tenía adónde caer.”

Cuarenta segundos en una pantalla agrietada: una habitación sin ventanas, vendas en las muñecas, una voz plana: «así es como jugamos», «él y yo montamos una fiesta». Las palabras que en la habitación del hospital eran «un regalo que no merecía» son ahora una prueba en el bolsillo del tipo que acaba de limpiarse las manos en él. «La noche más íntima de su vida estaba ahora en una pantalla ajena, como el vídeo del refresco de cola. Con lo del refresco había aprendido a vivir. Con esto no sabía cómo». Y Simon oye lo que Craig no ha dicho: en la grabación no está él. «Si aquello se enseñaba, el que ardería no sería Simon. Simon ya estaba sentado en el suelo: no tenía adónde caer. Ardería el que estaba sentado en esa grabación con las muñecas vendadas, mintiendo por él».

La amenaza de outing es un tipo particular de violencia: no golpea al que queda expuesto, sino al que tiene apellido, equipo, padre. Apaleado, con sangre en la ceja, lo primero que hace Simon es contar las pérdidas ajenas —«Es su final. No el mío. El suyo»—, y eso no es nobleza, sino la vieja costumbre de desaparecer por otro (véase «Se lo llevaban — a él»). Craig sabe dónde pegar: «Te vas, y a él no le pasa nada; vuelve a ser el que era. Así es más fácil para todos». «Así es más fácil para todos» es la mentira más vieja que se les dice a las víctimas, y funciona justamente con quienes ya han aprendido a considerarse un hueco.

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