Apretó más el manillar y siguió caminando
“Simon apretó más el manillar y siguió caminando.” La puerta abierta del coche, el calor seco del interior, las primeras gotas heladas bajo el cuello. El cuerpo debilitado «comprendió antes que su mente» lo que ocurriría al cabo de unos minutos, y buscaba sentarse. Simon apretó más el manillar y siguió caminando. «Déjame en paz. Vete con Priscilla». Sin excusas ni negociaciones: «como alguien con derecho a decidir». Por primera vez en tres años, Jacob tiene que buscar una respuesta a sus palabras.
La autonomía casi siempre empieza así: rechazando una comodidad que se ofrece en condiciones ajenas. Cuesta caro: Simon tiembla, «no distinguía si era de frío, debilidad o miedo», pero la voz no le vacila. Importa ver también la reacción del otro lado: el pulgar sobre el volante se detiene, el coche se queda medio cuerpo atrás, después Jacob apaga el motor y camina hacia él «sin apresurarse», con el rostro «cerrado». Para alguien acostumbrado a mandar, el «no» ajeno no es información, sino un fallo que hay que eliminar. Las páginas siguientes mostrarán exactamente cómo.