El miedo es preocuparse por el día siguiente
“El miedo es preocuparse por el día siguiente, y el día siguiente hacía mucho que había dejado de tener que ver con él.” «La verdad es que no estaba preocupado. El miedo es preocuparse por el día siguiente, y el día siguiente hacía mucho que había dejado de tener que ver con él». Esta fórmula ya la vimos en el capítulo diez («Una línea recta por el patio»): la ausencia de miedo en una persona después de un intento no es valentía, sino un síntoma. El futuro sigue sin estar conectado. El segundo motivo es «más simple y más vergonzoso»: el «por favor» de la víspera, los dedos en la manga, el coche que no se marchaba. «Por lo visto, el anzuelo ya no estaba clavado solo en él. Jacob se había enganchado. A él».
Y la conclusión que «no puso a prueba»: «si Craig aparecía por allí, detrás vendría Jacob». Así funciona la configuración más peligrosa en una relación con violencia: la misma persona de la que venía la amenaza se convierte en la única protección frente a otra amenaza. Eso hace que irse sea psicológicamente imposible — no por amor, sino por seguridad. Para el lector hay aquí dos señales a la vez: sobre Simon, al que todavía «le da igual lo que pase mañana», y sobre un sistema en el que la protección se compra con pertenencia.