Nunca había pedido consejo
“Nunca le había pedido consejo a nadie. Resultó más fácil de lo que pensaba.” La única lámpara de la cocina, un té servido hasta un tercio de la taza y un número que eligió él mismo. Ashley habla de un presentimiento — «Como antes de aquella casa». «Lo sé», responde Simon. Se lo preguntó a Jacob en el coche; Jacob dijo «no» y no dio ningún nombre, «y eso no era un “no sé”». Admitirlo «era devolver aquello» que él mismo se había montado junto a la taquilla. «No lo devolvía. Lo dejó al lado de lo que había dicho Ash y miró las dos cosas». «Te creo, Ash». — «¿Qué hago?». «Nunca le había pedido consejo a nadie. Resultó más fácil de lo que pensaba».
Es un paso silencioso, pero enorme: por primera vez Simon no elige entre su versión y la ajena, sino que las pone una al lado de la otra; por primera vez le trae a Ashley el dato que faltaba en lugar de un «está todo bien»; por primera vez pide consejo. Durante tres años ella «no se creía ni una palabra, y aun así venía»; ahora entre ellos no hay coraza, y ella no tiene con qué responder salvo con la verdad. La tarjeta «Creer y recordar en el mismo segundo» describía esta capacidad en relación con Jacob; aquí, por primera vez, trabaja para su seguridad. La respuesta de Ashley se corta en «esta noche no te quedes so…»: llaman a la puerta «como llaman los de casa», y asoma algo cálido — «Puede que se hubiera ido antes». Dos golpes, suaves, cortos. Va a abrir con el teléfono en la mano.