La cara bajo el placaje
“Inmovilizar. Sentir que algo se sacudía debajo de él.” Un placaje limpio, de manual — y debajo no está Miller. Una cara pálida con el pómulo morado, «la cara de aquella carretera, bajo la lluvia, solo que ahora no se debatía». «¿Y? Si te gusta». El calor baja de golpe y llega a las manos: los dedos aprietan, el hombro se hunde en el pecho ajeno, «y durante un segundo quiso — con todo el cuerpo, sin nombre — apretar más. Inmovilizar. Sentir que algo se sacudía debajo de él». Luego, la cara roja de Miller: «¡Quítate de encima, joder!».
Es una imagen intrusiva — no pedida, vívida, con respuesta corporal — y su peligro no está en la fantasía, sino en que estuvo a punto de materializarse sobre un inocente. En Jacob, el deseo y la dominación están soldados sin remedio: la única forma en que durante años se permitió desear a Simon fue aplastarlo y sentir cómo se sacudía debajo de él (véase «Excitación convertida en poder»). Mientras esa soldadura no se desmonte, su atracción seguirá buscando salida a través de la fuerza — no porque él «sea así», sino porque no se ha construido otro canal. «Las palmas no estaban mojadas por la hierba» — el cuerpo sabe lo que ha pasado antes de que él se atreva a nombrarlo.