Psicología · Capítulo 11 · Simon: trauma y supervivencia
La ternura que nunca existió
Hambre de contacto
“Toda la ternura de aquellas manos existía únicamente en la cabeza de Simon.” Las manos que Simon conoce “mejor que las propias” nunca lo tocaron de otra forma que no fuera el golpe. El tacto es una necesidad básica: un cuerpo que pasó años sin una sola caricia amable empieza a extraerla de cualquier material disponible. Toda la ternura de esas manos la ha escrito Simon — en el único lugar donde es posible: su cabeza.
De ahí el “calor oscuro” al mirar unas manos que descansan pacíficas sobre el volante: el cuerpo no reacciona a una amenaza, sino a la única fuente de contacto que ha tenido. No es una elección ni un gusto; es la aritmética de la privación, en la que hasta el instrumento del dolor se vuelve objeto de añoranza — porque no le entregaron ningún otro.