«Ya me lo estás haciendo»
“Ya me lo estás haciendo.” Con una sola frase Jacob perfora la fórmula sobre la que se sostenía todo el plan. “No voy a hacerte daño” — “Ya me lo estás haciendo”. Y por primera vez el desconcierto cruza la cara de Simon: esa posibilidad de verdad no entraba en los cálculos. La licencia moral (cap. 12) estaba calibrada solo para el dolor físico — tela bajo las cadenas, una manta, ni un solo golpe.
Aquí se ve cómo se estrecha la conciencia dentro de un guion: el dolor ajeno se contabiliza solo en la moneda con la que te golpearon a ti. Simon, que lo sabe todo del dolor psíquico, no vio que se lo estaba administrando a otro — en dosis máxima. No es hipocresía, sino visión de túnel: el plan decidió de antemano qué cuenta como dolor y qué como “cuidado”. El Jacob vivo no cabe en esos cálculos.